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EN EL CURSO DEL TIEMPO
Recuerdo las noches en las que buscaba qué había pronosticado mi horóscopo
para el día ya transcurrido y, valiéndome de mi método de lectura e interpretación libre,
siempre lograba que el vaticinio cuadrara con lo que me había sucedido durante la
jornada. Aquel método funcionó siempre de forma tan óptima que en las primeras horas
de este año decidí aplicarlo a la lectura de Calendario de poetas, el libro en el que la
argelina Michelle Grangaud (1941-2022) propone una hiperactiva recopilación de
efemérides del ámbito artístico de los últimos cuatro siglos.
Los anecdóticos grandes y pequeños acontecimientos aparecen distribuidos
ingeniosamente a lo largo del diario del año completo del que se ocupa. Por ejemplo, el
22 de noviembre se nos dice que Nerval sale todas las noches en busca de aventuras por
Viena y se siente enamorado no de una mujer, sino de todas las mujeres.
La efeméride del primero de enero del Calendario de Grangaud la leí en las
primeras horas de este año: “Valery Larbaud, que escribe, se pregunta por qué escribe y
se responde que únicamente para empezar el año escribiendo”.
Intuí enseguida que sería ésta la única frase de todo el libro que no requeriría
interpretación libre, pues significaba lo mismo en el Calendario de Grangaud que en el
calendario personal que me disponía a construir para mi consumo propio. Por si fuera
poco, a la sensación de plenitud de las primeras horas del año contribuyó de pronto la
insuperable banda sonora que me llegaba del televisor: las felices palmas del público de
la Ópera de Viena que, puesto en pie, acompañaba a aquella hora la Marcha Radetzky.
Fue como si aquella platea en pie estuviera apoyando mi iniciativa de ir, día a
día, interpretando las efemérides del Calendario de poetas para ir descubriendo lo que
le esperaba a mi vida en el curso del tiempo, concretamente en el curso de este año.
No hay muchos Calendarios como el que nos ocupa y que hasta le facilitan a
uno, si así lo desea, la posibilidad de perder la cordura, tal como insinúa la oulipista
Grangaud que la pudo perder Apollinaire cuando un 24 de junio en la calle Orient
estrenó su primera obra teatral, Las tetas de Tiresias, haciendo que la palabra
“surrealismo” entrara en la lengua francesa.
Calendario de poetas (París, 2001) ha sido estos días editado entre nosotros por
La Navaja Suiza y traducido por Mateo Pierre Avit Ferrero y Pablo Martín Sánchez (el
único español miembro del taller de Oulipo) y se ha convertido en un libro esencial para
mí, puesto que me permite, por ejemplo, saber que mañana día 7 podré revivir un
instante tan mínimo como deslumbrante de la historia de las casi olvidadas vanguardias
del pasado siglo. Hablo de un momento sin el que no habría existido el surrealismo, el
movimiento que relevó al dadaísmo. Hablo de aquel 7 de enero en el que, a las seis y
media de la tarde, en la terraza de La Terrasse, de Zúrich, Tristán Tzara encontró por fin
la palabra que buscaba: ‘Dadá’. Lo diré más alto: exista o no el eterno retorno, espero
también mañana encontrar allí esa palabra.
Enrique Vila-Matas
Café Perec, El País, 6/01/2026
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