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EL ECLIPSE DE LA ERA DE LA LECTURA
Rose Horowitch, en un ensayo publicado este verano en la revista
estadounidense The Atlantic, advierte que “el fin de la era de la lectura” (The Age of
Reading Is Over) ya está aquí, en realidad lleva tiempo entre nosotros. Lo que dice Rose
Horowitch nos recuerda las circunstancias que envolvieron el definitivo cierre en el
siglo IV de la biblioteca de Alejandría, que si se desmoronó para siempre no fue sólo
por el famoso incendio, sino por las más variadas negligencias posteriores.
La dejadez acabó con Alejandría y cuando, diez siglos después, Gutenberg
inventó la imprenta, volvieron las luces y se abrió otra “era de la lectura”, que es la que
se estaría apagando actualmente. Con Gutenberg la humanidad fue dejando atrás la
oscuridad y las supersticiones de la Edad Media. Y los optimistas pensaron que la
alfabetización universal era inevitable. Pero ahora estamos viendo que otra época oscura
se perfila peligrosamente en el horizonte y la era de la lectura podría haber sido solo una
breve anomalía en la historia de la humanidad.
Es algo que se intuye incluso en detalles triviales, como el que nos señala
Horowitch al informarnos de que los best-sellers del New York Times tienen frases
aproximadamente un tercio más cortas que hace un siglo: “Las frases más largas no son
necesariamente mejores. Pero su antigua omnipresencia sugiere una época en la que los
estadounidenses tenían la inclinación y la capacidad de leer obras literarias serias”.
Obviamente, no es casual que sean las de ahora frases más cortas, pues la
atención está muy fragmentada y el uso masivo de móviles y redes sociales destroza las
condiciones para la concentración interna, la atención plena y la deducción lógica que
nos abriría a nuevos tipos de pensamiento. Cada día hay más adictos a los TikTok de un
minuto, que, por cierto, curiosamente será la duración del mediático eclipse de mañana
miércoles.
Atrás van quedando las lecturas profundas y prolongadas de libros densos y de
frases complejas con subordinadas que parecen hoy pertenecer a otro mundo, porque
contaban con el corazón y el cerebro del lector inteligente, pero también con su espina
dorsal. Y todo indica que vamos olvidando que los primeros humanos pasaron milenios
comunicándose únicamente de palabra y que la llegada de la lectura y la escritura
transformó la sociedad, alteró la conciencia y la política de las personas, así como sus
capacidades intelectuales.
Este declive actual de la lectura a fondo trae consigo cambios de igual magnitud.
Oigamos a László Krasznnahorkai: “El mundo entero de la literatura está perdido para
siempre, desaparecerá, ahora mismo no tengo ninguna esperanza de que, tal como lo
conocemos, sobreviva. Por eso también creo que los mejores logros literarios son
aquellos en los que el escritor se despide, se marcha”
Los cambios ya están afectando nuestros pensamientos más íntimos y la forma
en que contamos la historia de nuestra civilización. La dejadez avanza. Y la pregunta es
obligada. ¿Qué vendrá después o qué ha llegado ya?
Enrique Vila-Matas
Café Perec, El País, 11/08/2026
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