ENRIQUE VILA-MATAS LA VIDA DE LOS OTROS 
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Jean Luc Godard


Marguerite Duras


L´année dernière a Marienbad


Bolaño


UN VILA-MATAS CONCENTRADO [MARIENBAD ELÉCTRICO]

MARIANA SÁNDEZ


"¿Qué me pasa con los hoteles?", se pregunta Enrique Vila-Matas en un tono que demuestra verdadero interés por comprenderse. Quiero decir, cualquier autor en su lugar se lo cuestionaría cuando, libro tras libro, te ves inventando o evocando hoteles en tus páginas, al punto de que se conviertan en el escenario más natural de tu mente y de tus personajes.

Se lo pregunta en su Marienbad eléctrico (2016), magnífico obrúsculo de 120 páginas que dialoga con una película de hotel: El año pasado en Marienbad (1961), del director francés Alain Resnais, con guion del escritor Alain Robbe-Grillet. “La película más incomprensible de la historia”, dice allí Vila-Matas, la que influyó en su fascinación por el cine y la literatura inexplicables, donde Franz Kafka es rey. Si la película plaga sus secuencias de “vidas crepusculares, donde todo era inmortal y mortecino”, en su ensayo, el autor barcelonés se encarga de electrificarla con su ingeniosa prosa y su humor intelectual.

Allí busca una respuesta: “Nada tan cierto como que, al entrar en una nueva habitación de hotel, todo para mí empieza maravillosamente de nuevo. Michelle Perrot definió los hoteles como teatros de lo imaginario, donde acontecen todas las cosas posibles. Voy a los hoteles igual que empiezo novelas, para tratar de cambiar de vida, para ser otro”. Es coherente con otra revelación suya: “Escribo para ser un extranjero siempre”, ya que el hotel es el lugar de la extranjería, el sitio para estar de paso, desaparecer o permanecer anónimo.

Si algo fantástico (en el doble sentido de la palabra) tiene la escritura para un autor, es su capacidad de hacer salir de uno aquello que se ignoraba de sí mismo. Escribir sube los fantasmas del inconsciente a la mesa. El lector puede suponer que un creador somete su producción, la conduce de acuerdo a una voluntad determinada; los escritores saben de sobra que, cuando la literatura es creativa y honesta, son dominados por ella. Por eso dice el narrador en el cierre de una vieja novela vilamatiana, Impostura: “Su tendencia a escribir le había, en realidad, encadenado de por vida al más noble pero al más implacable de los amos”.

Después de más de 30 obras publicadas, Vila-Matas conoce de memoria su galería de espectros y se da el gusto de enredarse todo el tiempo con ellos; eso no significa que pueda ni quiera explicárselos. Posiblemente sin habérselo propuesto, en Marienbad eléctrico nos ofrece una especie de catálogo o microenciclopedia sobre los caprichos de su estética.

Allí aparecen algunos de sus escenarios favoritos: París, Dublín y el paseo de Sant Joan, la calle mítica de su infancia en Barcelona, entreverados con los artistas que lo obsesionan: Rimbaud, Walser, Beckett, Perec, Duras, Sebald, Bolaño, Bioy Casares, Godard, Duchamp, Barthes, etcétera. Vienen a cuenta de otros temas dilectos: el de la admiración –y por tanto, las citas, los homenajes– entre artistas, y el de los malos entendidos como motor de la coproducción y de toda una obra.


* El Periódico, Barcelona. 12/03/2026.

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