| Enrique Vila-Matas |
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Contributos do Doutor para a medicina
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por Gonçalo M.Tavares
Desaparecer a horas certas, mas para onde?
Sabe-se que Robert Walser era de uma pontualidade excepcional. Considerava a pontualidade uma obra-prima.
Trata-se pois de colocar a delicadeza no ponto certo. Não fazer esperar o outro - arte que deve ser tão valorizada como a escultura ou a pintura. Fizeste o mais belo quadro, sim, mas chegaste atrasado ao encontro com o teu sapateiro. Eis uma falha artística irremediável.
A este propósito, o Doutor Vila-Matas contratou o Doutor Pasavento para averiguar “o que se sentia ao chegar com a máxima pontualidade, mas exactamente com um ano de atraso, a um encontro na Cartuxa de Sevilha”. Uma pontualidade em diferido – semelhante ao som que chega uns segundos depois da imagem correspondente.
Mas o que importa é isto: a pontualidade no desaparecimento. Marcar a hora exacta não de um encontro, não de um desencontro (tu vais por uma rua e eu por outra); mas de um rigoroso desaparecimento. Eis o difícil.
Só quem já desapareceu percebe que é impossível definir com exactidão a hora, o minuto e os segundos em que algo ou alguém desaparece. Porque desaparecer não é apenas deixar de ser visto. No limite, é deixar de se ver a si próprio. (Só tem uma vida boa quem tem um bom esconderijo, dizia o sensato Kierkegaard.)
Desaparecer da frente dos outros requer esforço, mas é possível (o bom esconderijo resolve) – desaparecer diante do espelho, eis o grande obstáculo.
Não se quer sentar na minha cadeira?
Ser grande é saber ceder o seu lugar a outro, escreveu Handke, citado por Vila-Matas. Desaparecer, cedendo o lugar a outro - eis a grandeza deste Doutor Vila-Matas que cede o seu lugar ao colega Pasavento que, por seu turno, o cederá a outro.
Trata-se de uma série de desaparecimentos sucessivos, idêntico a uma série matemática em que uma lógica implacável conduzisse um número grande a números cada vez mais pequenos. Até se atingir o infinitamente pequeno.
Mas como chegar ao zero através de infinitas reduções?
O problema é, pois, este: o infinitamente pequeno dividido ao meio continua a não ser zero. Desaparecer, de facto, não é fácil.
No fundo, o Doutor Pasavento ilustra, em literatura, o dilema sem saída de Zenão.
Del Prefacio a la edición brasileña de Doutor Pasavento.
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Ediciones |
Breve autobiografía literaria |
A Paula de Parma
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«Un narrador español, que está interesado por la desaparición del sujeto moderno y estudia a fondo la historia de la subjetividad de Montaigne a Blanchot, ve cómo un desconocido lo suplanta ante un taxista en la estación de tren de Santa Justa de Sevilla. Aunque sorprendido, decide aprovechar la circunstancia para no acudir a la Cartuja, donde lo esperaban para un acto cultural con Bernardo Atxaga esa noche. Desaparece en Sevilla con la idea de permanecer oculto como mínimo once días, como hiciera en su momento Agatha Christie, que fue buscada por medio mundo. Espera que, como a la escritora inglesa, lo busquen; pero empieza pronto a sospechar que nadie va a echarlo en falta, que a nadie le interesa la suerte que corra su existencia. Comienza entonces la fuga sin fin del escritor desaparecido...
La novela habla de la desaparición del sujeto en Occidente y del afán de ese sujeto por reaparecer. Creo que esto no es algo que se pueda liquidar en cuatro folios y que más bien requiere un crepúsculo largo. El eje central de ese crepúsculo es la figura de Robert Walser, mi héroe moral desde hace décadas. Admiro de este escritor suizo –precedente obvio de Kafka– la extrema repugnancia que le producía todo tipo de poder y su temprana renuncia a toda esperanza de éxito, de grandeza. Admiro de él también su extraña decisión de querer ser como todo el mundo, cuando en realidad no podía ser igual a nadie, porque no deseaba ser nadie, y eso era algo que sin duda le dificultaba aún más querer ser como todo el mundo. Admiro y envidio esa caligrafía suya que, en el último período de su actividad literaria (cuando se volcó en esos textos de letra minúscula conocidos como microgramas), se fue haciendo cada vez más pequeña hasta llevarlo a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz, porque sentía que éste se encontraba ‘más cerca de la desaparición, del eclipse’. Admiro y envidio su lento pero firme deslizamiento hacia el silencio. En realidad, todo el mundo cree que Doctor Pasavento habla del tema de la desaparición y de la soledad. Es una interpretación aceptable del libro, pero yo diría que de lo que realmente habla mi última novela es de la dificultad de no ser nadie.»
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· Barcelona, Anagrama, 2005
· Narrativas hispánicas, 381
· 392 páginas
· ISBN 978-84-339-6882-1
· Barcelona, Anagrama, 2008
· Compactos Anagrama, 475
· 392 páginas
· ISBN 978-84-339-7331-3

LA MUERTE DEL AUTOR
Roland Barthes [+]
ÍNDICE
I. La desaparición del sujeto
II. El que se da por desaparecido
III. El mito de la desaparición
IV. Escribir para ausentarse
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Contraportada |
«El héroe moral del escritor y doctor Pasavento es Robert Walser, de quien admira su afán por pasar desapercibido, la vida de bella infelicidad que llevó y la extrema repugnancia que le producían el poder y la grandeza literaria. Perseguir el destino de este escritor significa para Pasavento retirarse del mundo, como lo prueba esa caligrafía suya que se va haciendo cada vez más microscópica y le lleva a sustituir el trazo de la pluma por el del lápiz porque siente que éste se encuentra más cerca de la desaparición, del eclipse. «No escribo para ser fotografiado», dice en cierta ocasión. Quiere apartarse, y un día desaparece. Cree que indagarán, que le sucederá lo que a Agatha Christie cuando la buscaron por toda Inglaterra a lo largo de once días y al final fue encontrada. Pero al doctor Pasavento no le busca nadie y poco a poco va imponiéndose esta sencilla verdad: nadie piensa en él.
Le veremos entonces recurrir a la estrategia de la renuncia: el acto extremo con el cual algunos raros escritores se aseguran el único modo de captar el destello de la vida plena e inexpresable, no sofocada por el poder. Le veremos renunciar al yo, a su grandeza y a su supuesta dignidad, y hasta creer que está encarnando por sí solo la historia de la desaparición del sujeto en Occidente. «Lo que yo quiero es seguir existiendo sin ser molestado», dice el doctor Pasavento, y luego, de forma algo contradictoria, se pregunta si será capaz de vivir sin que nadie se acuerde, ni lejanamente, de que existe. Viaja al manicomio suizo donde Walser vivió tantos años apartado del mundo y se acerca al ejercicio de un arte muy peculiar y en el que su escritor más admirado fue un consumado maestro: el arte de convertirse en nada.
En Doctor Pasavento, Enrique Vila-Matas, después de Bartleby y compañía, El mal de Montano y París no se acaba nunca, prosigue la ruta ascendente que lo ha consagrado, indiscutiblemente, como uno de los grandes escritores europeos de nuestro tiempo.»
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Imágenes |
Primera página |

Rue Vaneau

Hotel de Suède

Pharmacie Dupeyroux
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I. La desaparición del sujeto
1
Paseábamos por la llamada alameda del fin del mundo, un melancólico sendero junto al castillo de Montaigne, cuando me preguntaron:
-¿De dónde viene tu pasión por desaparecer?
Mi acompañante deseaba saber de dónde venía esa idea de desaparecer que tanto anunciaba yo en escritos y entrevistas, pero que no acababa nunca de llevar a la práctica. La pregunta me cogió más bien desprevenido, pues andaba en ese momento distraído pensando absurdamente en un gol que había marcado Pelé en el remoto Mundial de futbol de Suecia. Así que no escuché bien del todo la pregunta y pedí que me la repitieran.
-Pues no lo sé -terminé al poco rato contestando-, ignoro de dónde viene, pero sospecho que paradójicamente toda esa pasión por desaparecer, todas esas tentativas, llamémoslas suicidas, son a su vez intentos de afirmación de mi yo.
Sonaron muy pertinentes estas palabras ensayísticas, dichas allí, nada menos que en la cuna misma del género literario del ensayo. Como se sabe, Michel de Montaigne escribió sus libros en lo alto de una torre anexa a su castillo cercano a Burdeos. Los escribió en un estudio y biblioteca que estaba en la tercera planta de la torre. Allí inventó el ensayo, ese género literario que con el tiempo iría ligado a la construcción de la subjetividad moderna, construcción en la que participaría asimismo Descartes, que también decidió encerrarse a pensar en un lugar solitario, en su caso en la bien caldeada habitación de un cuartel de invierno de Ulm. De modo que puede decirse que el sujeto moderno no surgió en contacto con el mundo, sino en aisladas habitaciones en las que los pensadores estaban solos con sus certezas e incertidumbres, solos consigo mismos.
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Traducciones |
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Resumen de prensa |
Bibliografía |
«Sobrevuela genial por encima de casi todos los que escriben en España.»
J. M. Pozuelo Yvancos, ABC.
«Imprescindible en la actual novela española. Esta novela es un potente anticuerpo contra el adocenamiento.»
Domingo Ródenas de Moya, El Periódico.
«Novela superior. Le aleja de muchos terrestres incapaces de percibir el aliento de lo divino.»
J. A. Masoliver Ródenas, La Vanguardia.
«La lectura de este libro es una experiencia enormemente fascinante.»
Alain Nicolas, L'Humanité.
«Magnífico. Aconsejamos a los amantes de la literatura no sólo que lean el libro, sino que lo tengan por mucho tiempo al alcance de su mano.»
Patrick Kéchichian, Le Monde.
«Se ha impuesto como el mejor escritor español de la década.»
Nelly Kaprièlian, Chronic’art.
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«Tostao y Pasavento»,
Nota de la redacción de Correio Braziliense,
Brasilia, 10 de marzo de 2010.
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