Enrique Vila-Matas

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El viento ligero en Parma (2004)

Un plato fuerte de la China destruida

Paula, Roberto Bolaño, V-M, Lautaro y Carolina       Le decía en una carta  Franz  Kafka a  Felice Bauer: “En este sentido escribir es un sueño más profundo. Como la muerte. Del mismo modo que no se saca ni se puede sacar a un muerto de su sepultura, nadie podrá arrancarme por la noche de mi mesa de trabajo”. Estas palabras de Kafka me trajeron ayer  el recuerdo de Roberto Bolaño y  de su actitud ante la vida y la escritura, el recuerdo de todos esos años en los que se dedicó,  sin tregua alguna y con  intensidad fuera de la normal, a entrelazar sueño profundo, muerte y caligrafía.
      También Marguerite Duras, en  las últimas páginas de  Eso es todo,  me trajo  ayer la memoria de Bolaño:  “Ya está. Estoy muerta. Se ha terminado”.  Y poco después, tras una breve pausa: “Esta noche vamos a tomar algo muy fuerte. Un plato chino, por ejemplo. Un plato de la China destruida”. Ayer, al releer estas palabras de Duras, quise entender  que para ella  la China  destruida era  su infancia ya totalmente arrasada, devastada, tan devastada como la vida de Bolaño.  Más


Ay, mi estimado señor

Manuscritos en una editorial       ¿Es usted escritor o ha intentado serlo? Tanto si lo es como si ha querido serlo, usted ha tenido que conocer en algún momento de su vida el rechazo. Es posible que alguien desde alguna editorial le haya escrito alguna vez una carta donde muy educadamente le han dicho: “Estimado señor, nos ha causado una agradable impresión su manuscrito, pero...”
      El rechazo es una amarga realidad de la profesión de escritor. A mí, en cierta ocasión, me devolvieron uno de mis primeros manuscritos con las mejores metáforas de mi novela tachadas con un rotulador y devueltas meticulosamente cambiadas, convertidas en las metáforas que proponía el anónimo responsable del informe de lectura. Un rechazo así no se olvida. Cada día hay cientos de personas deprimidas porque les han devuelto un manuscrito. Y eso que hay mil tácticas para intentar remontar el efecto rechazo. Una de ellas consiste en repasar las más famosas injusticias en esta materia. El famoso rechazo de André Gide al manuscrito de En busca del tiempo perdido de Marcel Proust, por ejemplo. Más







De donde viene el viento

Bernardo y Attilio Bertolucci, 1975
Bernardo y Attilio Bertolucci, 1975.


Duomo de Parma
Plaza del Duomo, Parma.



Imagen de Prima della Rivoluzione, de Bernardo Bertolucci
Imagen de Prima della Rivoluzione, de Bernardo Bertolucci
Dos imágenes de Prima della Rivoluzione, el primer film de un joven Bernardo Bertolucci y memorable crítica despiadada de la burguesía local de su ciudad natal, Parma.

        El título de este libro lo encontré en la propia Parma en compañía de Paula de Parma. Pasé allí siete días de un verano de principios de este siglo y hallé el título en un verso del poeta local Attilio Bertolucci, gran poeta (*), aunque es más famoso por ser el padre del cineasta Bernardo Bertolucci. En su bellísimo poema Paese d'inverno hay una referencia a un “viento ligero” y es la misma impresión que yo había tenido aquel día, poco antes de leer el poema, al abandonar la plaza del Duomo y entrar en una estrecha callejuela que nos había de llevar a Paula y a mí al hotel. Sentí esa ligereza del viento al doblar la esquina y dejar atrás el Duomo y el Baptisterio. Por la tarde, me encontré con el poema:

Che il sole dopo la neve
appaia, e le nuvole si tingano di rosso
come schiave: la neve sui tetti
un rossore colorirà, guancia di principessa.
S'alzi un leggero vento
e spenga l'acqua, che s'era addormentata,
con assonnata voce di pastore;
escano fanciulle con scialli,
lampeggiando gli occhi neri,
e improvvisamente corrano punte dall'aria
simili a uccelli che s'alzino a volo.
E gli zingari rubino ragazzi.

        Me fue imposible no pensar que el viento ligero del poema no era el mismo que se había cruzado en mi camino al abandonar la plaza del Duomo aquella mañana.
        Paula de Parma lleva una vida siempre en compañía de un viento ligero, pero esa es una impresión muy personal y el título de este libro sólo está ahí para tratar de confirmar que un día estuve en Parma.


* Attilio Bertolucci (San Lazzaro, Parma 1911- Roma, junio 2000). Poeta y guionista de cine. Comenzó a escribir desde muy joven, publicando en 1929  su primera colección de poemas. Se casó con Ninetta Giovanardi con la que tuvo dos hijos, Giuseppe y Bernardo, también  dedicados al mundo del cine. Sus primeros trabajos poéticos, marcados por un lenguaje sencillo que describía situaciones pastorales, se ganaron el aprecio de poetas italianos como Eugenio Montale. Después, evolucionó. Con Viaggio d'inverno, el estilo de Bertolucci dio un giro, de palabras más complejas y marcado con sentimientos de inseguridad. Durante su vida trabajó también como profesor de historia del arte, documentalista, traductor, colaborador televisivo  y director de revistas literarias (entre otras, Nuovi Argomenti)






Contenido

Un ejemplar singular de El viento ligero de Parma
Un ejemplar singular de
El viento ligero de Parma.



  • Gombrowicz en seis horas y cuarto
  • Mastroianni-sur-mer
  • El paseo de Sant Joan en Rojo
  • Sobre la angustia de hablar en público
  • La acera sonambula y verdadera
  • Un tapiz que se dispara en muchas direcciones
  • Bolaño en la distancia
  • Nunca se logra hablar de lo que se ama
  • Impresiones de abstemia
  • Explorador que avanza
  • En el país de Tristram
  • Dueños de nuestro propio ahora
  • Michi
  • En el sillón favorito
  • Viaje al norte de Suiza
  • La invención de Silvina
  • La trampa del bulevar
  • No era medianoche, no llovía
  • Miquel Barceló Motor Company
  • Escribir es enterarte de la historia que quieres contar
  • Escribir es dejar de ser escritor
  • Ay, mi estimado señor
  • Palabra de Beckett
  • El hotel en una nube
  • El viento ligero en Parma
  • En Lisboa ya estuvimos allí antes de estar jamás
  • Un plato fuerte de la China destruida
  • Pitol y el misterio que viaja con nosotros
  • Palabras para un nocturno en Bujara
  • El discurso de Caracas
  • Breve autobiografía literaria


Fragmentos

Vincent Van Gogh - La silla de Gauguin
"La señal me hace señales para que me cuide de la cantante calva. Imagino varias sillas avanzando hacia mí, pero me hago fuerte en mi sillón favorito"
(En el sillón favorito)
Littré
"¿Qué habría detrás de la puerta blanca? Pasaban los días y no nos decidíamos a entrar en el inmueble de la rue Littré"

(Pitol y el misterio que viaja con nosotros)
Madrid
"Sólo así se explica entonces la desesperación, por ejemplo, de Pier Paolo Pasolini por una crítica negativa en la hoja parroquial de un pueblo de mala muerte"
(Ay, mi estimado señor)
K.
"No está entre los clásicos que aprecian los españoles todos. Lo sé. Por eso avanzo"



(Explorador que avanza)








[fragmento de Un Viento ligero, reseña de Alejandro Robles en Nexos,
México, junio de 2006]



De Infinitamente serio
De Infinitamente serio.





V-M a la entrada de la Ópera, en el teatro Regio de Parma.
V-M a la entrada de la Ópera,
en el Teatro Regio de Parma.





'Ô Dieu, de quelle ivresse...',
Les Contes d'Hoffmann, J. Offenbach.
Alfredo Kraus. Teatro Regio, Parma.

«Yo no era nada, por lo tanto podía permitírmelo todo»

GOMBROWICZ
Testamento


(…) En otra de sus piezas, “Impresiones de abstemia”, también de carácter autobiográfico, indaga a manera de confesión en aquellas prácticas que otros consideran censurables (como el hábito de beber), y por la que parece haber sido criticado en exceso. El autor deja en manos de Proust su primera defensa: “Nuestra personalidad social es una creación del pensamiento ajeno”. Y en su propia voz, la más radical y auténtica de las defensas a su “dedicación espartana a la literatura”: “Para no sé cuantos desconocidos, yo era una persona apoyada en las barras de los bares de medio mundo.

No contaba para ellos, por ejemplo, mi imagen de persona apoyada en su escritorio diez horas diarias, desde hace treinta años”. Sus confesiones están recubiertas por la ironía, no sólo porque la ironía resuelta es uno de sus atributos indiscutibles, sino porque sabe que la crítica excesiva anula la confesión.

Consagra también algunas de sus mejores páginas a crónicas de viaje, viajes interiores que no están concebidos para convertirse en “pasto de la mirada masiva de los turistas” y que constituyen una verdadera experiencia intelectual.

Aun así, me reconfortan más los retratos literarios de Gombrowicz y de Pitol, su acercamiento a Bolaño y a Ionesco, su visión de Stendhal y Sterne, sus impresiones sobre Pessoa y Barthes o su estremecedora lectura de Beckett y de Kafka; escritores que, en sus propias palabras, “nos han puesto en contacto con la odisea moderna del individuo que no vuelve a casa y se pierde y se disgrega, experimentando la insensatez del mundo y lo intolerable que es la existencia”. Este recorrido logra retratar la angustia, la desazón y la soledad fatal del escritor. En las páginas finales nos ofrece, incluso, su propia autobiografía literaria comentada.

Quisiera concluir este vago e insuficiente resumen -y esto le agradaría a Vila-Matas, tan apegado a fusionar diversos géneros literarios- con una anécdota. Una amiga, influenciada por mi predilección por el escritor español y auténticamente convertida después de la lectura de varios de sus libros suministrados por mí, recorrió las librerías del sur de la ciudad de México en busca de Bartleby y compañía; libro que la euforia y la exagerada comunicación que crea el alcohol habían permitido que yo imprudentemente obsequiara a un perfecto desconocido.

Mi joven amiga y una distinguida señora coincidieron frente a un anaquel de una librería de Coyoacán ante el último ejemplar disponible de Bartleby y compañía. La mano rapaz de mi amiga apresó el volumen antes de que el disecado avance de los dedos de la elegante señora rozara siquiera el anaquel. La señora protestó proclamando su legítimo derecho sobre el solitario y agotado ejemplar de Bartleby y compañía.

Mi amiga advirtió entonces que aquélla apretaba entre los brazos ejemplares de casi todos los libros de Vila-Matas. La miró sorprendida y, esforzándose por sostener su torre horizontal de libros, se justificó: “No se extrañe jovencita, yo soy la madre del escritor,... y quiero comprar todos los libros que pueda antes de regresar a España”.

Mi amiga, que vacilaba entre la admiración y la duda, resolvió cederle el discutido ejemplar de Bartleby y compañía, y le comentó que acababa de comprar El viento ligero en Parma. Repentinamente, el rostro de la mujer se demudó. Sus ojos brillaron con la avidez y la apetencia irracional de un demente o un caníbal.

Después de ceder su libro, mi amiga se sintió ingenua, y se preguntó qué haría aquella mujer acaparando todos los libros posibles del escritor barcelonés, y por qué extraña razón, para justificar su inexplicable gula literaria por Vila-Matas, había resuelto escudarse tras el endeble muro de su supuesta maternidad. En todo caso, aquella tarde comprendió que Vila-Matas es un escritor capaz de despertar fervor y adicción literaria.

Todo libro de artículos debe conseguir una totalidad que brille, y tal es el caso de El viento ligero en Parma. Vila-Matas es un escritor lúcido, tan agudo como el brillo y las órdenes acumuladas en la punta de una pluma para someternos siempre a su propio mundo interpretado.





Bibliografía

ÍNSULA, 754

dietario voluble exploradores del abismo doctor pasavento el viento ligero en parma
parís no se acaba nunca el mal de montano bartleby y compañía desde la ciudad nerviosa
el viaje vertical extraña forma de vida lejos de veracruz recuerdos inventados
hijos sin hijos el viajero más lento suicidios ejemplares una casa para siempre
› halp historia abreviada
  de la literatura portátil
impostura la asesina ilustrada